MARTA OLIVERI ESCRITORA
 
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2ª parte del OTRO INFIERNO




Hablemos entonces de otra muerte,

de otro día después
 en que inocente

expira el pájaro en sus alas

el ciervo en su cornada,

el viejo en suaves sombras

más acá de los párpados.


La Otra Muerte

 

 Y hablemos de aquello que sobre todo

habría podido dar a luz a Dios

con la pasión de un escultor de abismos

con la entrega del ángel cuyo mensaje inicial

es el asombro de que el asombro exista.

 

Y hablemos de cómo la compasión se abrevia

En la ternura de dos brazos humanos

De las cunas que tiende la hierva entre los suelos

que muerden su angustia de soledad sin sombra

 

Hablemos, sí de que han hecho los hombres

 con el vientre lunar

Y qué ha sido de la nutriente que fluye del Edén

cuando se adueña el vértigo del cielo.

Hasta donde han teñido de dolor el hechizo

para dar a luz un ángel extinguido,

Una domesticada aldea de  “Carontes”

cuyas barcas camufladas

Vuelven siempre hacia el Hades

 

Y hablemos del placer de ensangrentar los astros

de abrir los corazones con deslumbrados goces:

La lujuria de Midas

sobre el campo inocente

que daba a luz un trigo

Más de oro que el oro por leve y por flexible.

De qué están hechos los sacerdotes de los templos

donde no quiso entrar Judas,

ni aun en la traición se pudo tanto.

Es mayor este mirar que nubla la mirada

Esta mirada  donde bosteza el hombre

viendo como el campo ensangrentado de los siglos

se entretiene enumerando un horror que llama: Historia.

 

Pero es sólo un concierto  detenido en la memoria

donde aún gime la individual tortura,

numerada en millones, acallada en el tiempo

por un siniestro malabarista que pone al pecado

el nombre de “evolución histórica,”

y a la ruindad el mote de “fiel determinismo”.

 

Hablemos entonces de otra muerte,

de otro día después en que inocente

expira el pájaro en sus alas

el ciervo en su cornada,

el viejo en suaves sombras

más acá de los párpados.

 

Es tiempo de que callen los sofistas

y le den al silencio la palabra.

 

 


 

Consumatum est.

 

Consumado es...podría  decirse

 

Y qué del inquieto fluir

puede darse por íntegro

qué acaba de besar lo inmensurable

 

Quién puede sosegar un dolor tan antiguo

que no tiene en pendiente

un recuerdo  de inicio.

 

Qué caída se escarcha

en el fondo y se aquieta.

Qué floración se ofrenda

acotada en un ramo.

Qué acaba después

que la leyenda agota

la instancia  tan pobre

de la anécdota.

 

In consumada la existencia se aturde

de tanto ser naciente.

De tanta inconsistencia

se sumergen los suelos

inmolándose en nombre  

de iniciales paisajes.

Lo que ha muerto se fuga

 en nuevo albor y polvo

dando a luz constelaciones imprevistas.

No hay fin desde la vaga polvareda

Que levanta la nueva incertidumbre.


Inminencia

 

El infierno se anuncia como inminencia

de una fiel pesadilla.

 

La mañana enumera los límites del alma

y uno por uno ignora los canales

que hicieron posible nuestra hondura

 

Un “Ícaro” infinito se derrite

en el sol de una cordura ajena.

 

Y todo nos dice sin embargo

que es bueno para el mundo

que amanezca.


Arquitecto del tiempo

 

Arquitecto del tiempo pusiste la simiente

del verdadero infierno.

¿De que hora a que hora se enreja una pasión

una fábula  infantil, una caricia?

¿Y en que mes ha de arder

por cuanto tiempo la fosa del dolor

que agota el bálsamo?

¿Y cuando ha de calmarse el vendaval de fuego

si arde infinita su furia en las alturas?

 

Un siniestro cronómetro que detalla los límites

ha dejado el fluir en una Ciénaga.


Una santa cuadrícula

 

Una santa cuadrícula que enreja

con mitología de minutos lo que nace

ha construido como Dante en sus círculos

el mesurado infierno de los días.

Podría haber sido de otro modo:

La angelical penumbra

sembrando el paraíso

en lo inconmensurable del latido.

Pero  fue necesario poder medirlo todo.

Y el hombre puso al fluir en una copa.

Y sólo dejó libre al cruel Leteo.

 

 

 

El Último infierno

 

Este es el último infierno

Afortunadamente no habrá otro bajo la luz del sol.

Es bello comprender que nimio es al fin  todo

qué frágil cada imagen se teje y se disgrega-

 

Llegado el fin ¿importa haber sido feliz?

Decir:” He transitado las luces de la fábula

donde danza frenético de soberbia y de vértigo

el enfermo festín de las consagraciones”

 

Me impulso hacia un lugar donde los huesos

en polvo repartido se redimen

como espíritus del aire  y nos relatan

lo efímero y cruel que ha sido el ciclo

entre la fecha inicial y el epitafio.

 

Llegado el fin

¿que importa ya esta máscara

con que visto mis galas de humanidad

probada y sustantiva?

diciéndome que allí donde mutó mí especie

un arco de dolor tronchó la tierra

 

Hoy es poco el abismo

cuando abunda el estigma:

El jardín de las rosas de Esperpento,

y la azul osadía de haber nacido en verbo

más que en carne.

 

Que me perdonen los buenos asesores

de la vida en minúsculas

los cándidos que proveen los consuelos

del reino de los cielos.

A los dueños del dolor y del alivio

les pido me eximan de favores

 

 

La vida reclama libertad sobre si misma

No hay superior ventura para los condenados

No existe mayor  ternura

que el libre ritual que nos hacemos

En el preámbulo de nuestra ausencia próxima.

 

Mira el paraíso estuvo siempre aquí:

En aquel cielo de lluvia que te hería,

en la suave cortina que la primavera engloba

en brisas de la tarde.

Estuvo aquí mirándome con ojos suplicantes

en un cuadrito de niñas y palomas

en las vetas del antiguo tablón de mi algarrobo

doblegado en  biblioteca  y lecho.

 

Así la cueva se repite en la penumbra

de una casa crepuscular que hoy calla

por respeto al  dialogante de si mismo.

Una casa es siempre el refugio entrañable

en que ansiamos morir

como al útero mas tibio en los albores

volver quiere el naciente.

 

Y tornan  desgarrante a consolarnos

todas las formas  familiares, desprendidas.

Nos dicen mudamente que ya no las veremos

Y lloran este olvido prematuro

de quien las ha soñado tantos años:

Un jarrón, una pluma, una baldosa

que se abisma en su arabesco

cuando nadie la mira.

 

Contempla la ternura real del universo.

Es tan simple en existencias que has amado.

Todo está escrito en ella, tu inicio y tu epitafio:

Esa frase final que no dirán los otros.

 

Ama que  el día sólo tiene un preámbulo

Y un pausado crepúsculo que te invita a dormir.

Y duerme sin temor como el recién nacido.

No temas... que el infierno no está del otro lado.

 

 
   
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