MARTA OLIVERI ESCRITORA
 
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ANSIAS DE MORIR (monólogo)

                             REFLEXIÓN PRELIMINAR

Nuevas voces se levantan reclamando humanos derechos postergados, uno de ellos es la privacidad de nuestros actos aún en la extremación de los mismos . El inalienable derecho a ser dueños de nuestra vida pero también de nuestra muerte. Es este un tema ridiculamente penado por la ley desde inmemoriales tiempos. Sin embargo Albert Camus no en vano dijo " Hay sólo un tema filosóficamente serio: el suicidio" Una sociedad que privatiza los bienes y da libertad e impunidad al juego criminal del libre mercado, es, curiosamente, la más cruenta apropiadora del cuerpo y el alma de sus individuos. Triste paradoja. Este monólogo refiere la complejidad de las pulsiones de vida y de muerte en la más íntima libertad del fluir de la conciencia,de ahi su sentido.

 

Bueno... tenía que verla por última vez. La vida se detuvo en este punto cuando la copa de agua quedó a medio beber, el día habia ascendido al estado indeciso, se habia instalado allí en la blancura fluorescente de "una orfandad del tiempo" pensó, pensé, "quién me dice que debo hacer ahora que estoy sentada ante la mesa con la copa a medio beber. Cuando el día se apiade de mí habrá arco-iris en las puertas de las ventanas, seré una niña de verdad.... "y yo puedo verla mediando los cuarenta acurrucada grotescamente como en posición fetal, no ver el mundo no quiero sentir más que mi respiración , pidiéndole desesperadamente al corazón que no se cansa que se canse como yo , que he visto más de lo que me estaba permitido, y he atravesado varias veces mi propia locura hacia algún sitio que me dijeron, ella apoya nuevamente la mano, laxitud de su cuerpo y sin embargo  la imagen es la de un cuerpo rígido en la cruz , de mi misma, de su otro ángel. “Puedes decirme” le preguntó al hombre que se desvanece bajo la citara, “dime cómo el arte ha superado la vida, cómo la música ya no te embarga las fibras azules”.La mujer lo vio azul descascarándose en la pared.Deseaba salir, romper el velo de dolor sin más pero la suerte estaba echada, tenía la copa a medio beber y a medida que la contemplaba se iban reafirmando en ella esas viejas ansias de morir.. 

.”Me iré en silencio
De muerte propia me iré
tendrás mi espacio.”

“Tiene que ocurrir algo” pensó - pensé “deberé ir a verla pero no es hora sus ángeles se acuestan hacia las diez de la mañana y solo vuelven a respirar hacia la media noche”.

"Los días que tomamos decisiones absurdas, es decir definitivas, el mundo se hace a un lado para no perturbarnos, de modo que nadie llamará, y tendré tiempo para saber que yo he puesto un coto a toda la variedad de sufrimientos que me espera y que la raza humana tiene la ventura de engendrar aumentar y contabilizar. Mi sueño cuando escribía era lograr la voz del silencio, he enmudecido, desgraciada gloria; una ironía de nuestra ternura es esa adhesión a lo que nos conmueve, el angelito petrificado se ríe a hurtadillas de nuestro afán por protegerlo, la infancia es cruel porque es bella, la inocencia es cruel porque no sabe e intuye, es el triste peregrino de si mismo el que va por las edades suponiendo que volverá a juntar su identidad en un nido de correspondencias, no hay correspondencias, dijo, dije, mientras su cuerpo casi en estado catatónico seguia sentado frente a la copa de agua.
"En la cúspde del insomnio te dejas caer:
Oh mira cómo me contemplo rezando a los fetiches de la humanidad, desde el Mana hasta nuestros Santos Patrones de la disápora judeocristiana. Dime por qué debo yo, en mi yo primero del singular que ya no conjugo, es decir, no habito en la vida diaria, cómo puedo yo, decir que estoy en la existencia y que sufro respetablemente, sabes qué significa la conciencia, es un estado que inventó el sadismo de la evolución de las especies para que algunos habitemos el infierno hasta nuestra ultima conjugación, y yo quiero conjugarme por última vez”
Se levanta movida por una ajena vitalidad:
“Yo vivi .Yo no viviré. Yo muero... deber morir.
Es dado que muera, cuando el día toque la varita del hada, un hada del crepúsculo,¿la conocen? yo tampoco: Es glorioso no conocer lo que se imagina, esa linea de ignorancia es todo lo que tenemos para conjugar el otro verbo, ese que nos dice que yo, tú y ella ensueñan”

Eso dijo y volvió a sentarse, la espalda en paréntesis como una anciana, mediaba su vida, dijo y dije "pero hace más de veinte años que le escribo a mi sombra, ahora ya no hay más una tercera persona del singular, ni una primera, mucho menos jamás la hubo una primera persona del plural. He llorado por ese plural, nosotros, los heroes, nosotros los martires, “alon safan de la patri” escritura fonética para los que no escriben francés , “Arriba los pobres del mundo”, “Nosotros que nos queremos tanto” y vivamos y seamos y abracemos, en la planicie de nuestra comulgada comuna, sin dogmas.

Perfecta locura es la primera persona del plural.

"Un poco de agua, quién quiere agua para que no derroche sobre el mantel tan blanco esta cópula que he de hacer con Madame la Mort.
Tengo aún el sufrmiento...puntos suspensivos que idiotez atenerse a las reglas, las ortográficas y las otras ¿acaso la oraganizacion de la lengua y de las razas nos ha hecho mas felices?
¿venimos de qué verdad a argumentar un cosmos de natraleza inevitable?
¿Alguien puede ser feliz cuando se desnuda, en posición de criatura contemplando como su vida anochece se apabulla y muere? Puede decir que es feliz. No habrá otra respuesta era un cántaro cargado de interrogaciones como preñando de claves de sol, la idea de la Música. Pero olvidé ese ensueño. No he tenído la fortuna de literalizar la locura- Ella dijo y lloró sólo un poquito como aquellos que reconocen la inutilidad de llorar.
"Síntesis" dijo ella la de los cabellos nublados
"busquemos la síntesis, he puesto una prórroga a esta confesión, he vestido a mis criaturas dándoles un carácter aceptable, se han llamado como corresponde, me han preguntado por mi profesión y he tendido la urgencia grosera de responder soy escritora. Dádivas que nos dan los peregrinos del tiempo. Dulces abrigos que usamos para que no vean como sólo sangramos a partir de aquel primer estampido. Este alarde de vivir de organizar y dar sentido, ellos dirán que clamo por una desesperación que es solo un desajuste de mis encimas cerebrales o mis conjeturales
Yin-Yan. O mi fábula de almas compartidas en dioses mal reclutados, pero nada de eso, estoy en el estado de lo que ya no puede nominarse he dejado de cree hasta en el escepticismo.
Acurruca tu alma en aquella que se silencia y veras que te acuna, si te sales de la vida tal y como te la imponen comprenderás la sabiduría del que mira eternamente y nada dice, aquel que se emociona ha dicho el universo. No hay mas sentido para la generación del ángel.
Las ultimas palabras; ¿las hay? ella las dijo mientras su vista fija en la cajita rebosante de pastillas la miraba en un desenfocado núcleo de plata , como la melancolía en aquellas cenas de la infancia cuando nada tenia que aportar al mundo impecable de los grandes el borde del plato fijo a sus ojos se agrandaba en un rayo somnoliento. Soy del tamaño de lo que veo dijera tal vez Pessoa, soy la línea de fuego entre la nada y la nada dijera tal vez yo redimida en la tercera persona del plural.
Cómo hacer el acto supremo, cómo lo han hecho otros, no ver mas un árbol, los pájaros de la primavera lastiman en un trino cuyo sadismo consiste en cuan ileso ha resultado este ritual a lo largo de lossiglos, donde ellos, nosotros y yo hemos sangrado y padecido el oscuro cóncavo del mutismo primaveral . y cuando aullaban los lobos y las ninfas se ocultaban detrás de sus centauros, porque nadie debía descubrir esta osadía de haber gestado el pagano edén de los sesenta.
Pero gusta al realismo hacerse un marco de exquisito escenario aun para aquello que nadie mirará, es la conjetura de que hay un espacio, un espacio a nuestra imagen y semejanza,
Paredes de empapelado amarillento con motivos de flores, el techo lloviendo su revoque empastado de innumerables arreglos, los muebles de algarrobo la biblioteca caótica con libros en doble fila uniendo Proust junto al diccionario mitológico universal Virgina Woolf respirando dificultosamente los almidonados versos de Almafuerte. Un gato egipcio, dos cristos y Ernesto Guevara sosteniéndose la punta de la nariz, innumerables florecillas de papel puestas en el invernadero de su gatito de cuerina, ángulos,cuatro exactamente como habría de ser.

Ella agobiada aun pienso -piensa en la mítica absurda de su vida, y que si pasara el límite si llegara a la psicosis bien entendida , el sufrimiento tendría sus personajes, ya no debería ser ella, tercera segunda y primera persona del singular con la indefinición de acariciar su inexacta piel, habría otros, alucinaciones o bien metáforas, extrañas citas en un rincón de la pared compuertas misteriosas en la buhardilla, y ella podría ir a verla "¿antes o después de las pastillas se preguntó?
"La muerte no tiene resonancia",era esa una palabra apropiada, "la muerte no tiene personajes, no hay metáfora en la muerte si incluso la muerte misma es una metáfora, cómo podría haberla.

Tuve un sueño

"también tuve un sueño "dijo Lelia.
"En la memoria se acurruca de blanco y una diosa madre que es el azul esfera, ellas eran mis princesas, se asomaban por la ventana entre un liviano aroma de flores, eran silvestres,los colores latían como múltiples respiraciones,en la incandescencia en la serenidad de los vestidos flotantes; ellas sonreían adentro de la casa".
Lelia no musita palabra está con la cabeza caída sobre sus brazos, las pastillas...

La hacedora de palabras dice:

Mi niña ya estás demasiado crecida para estos sueños, tu dupla de pequeñas diosas flota en la odisea de su no decir, algún día tendré en mis manos el instrumento contundente que hace que ustedes, los que deambulan entre esta ilusión de libertad y el determinismo, puedan llevar a cabo la obra ,inexperimentable para mí, de una vida propia.

.
Dice Lelia

"He tenido un sueño y otro y otro, he vivido con el altar y la pira en sueños colectivos, he sufrido por mi piel externa, sufro ahora porque mi llaga es interna. La identidad es una odisea solitaria, como dar a luz, como oír el primer grito y quedar con el vientre a solas, la cuna vacía, los pechos inútiles doliéndose de su maternidad
La primera tragedia de la humanidad fue un mujer, la que ha muerto y muere muriendo de orfandad de madre, de hija de negación de tantos que nos han olvidado, Lilith mi yo del singular ha llegado a la soledad perfecta ser una omisión de la historia humana.


Fin de Ansias de Morir


Abro aquí un debate  cual es el secreto de la felicidad
tal vez sólo esté en el origen de  un sentimiento trágico de la vida( segun titula Unamuno) 
en la raiz se gesta la inocencia cosmogónica ,el alma de la familiaridad del ser humano con el mundo, 
 Pero ¿que les sucede a los que recuerdan
esa felicidad absoluta y la esgrimen con su espada como Quijote contra los molinos de viento?
 ¿aucencia de adapatación a una realidad perversa
 o  discapacidad social de comprensión de las fuentes vitales que alimentan el alma humana , Dignidad, Ternura, Compasión  Incondicionalidad.?
 






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GUILLERMO PIRO.
ENSAYO
LA LIBERTAD FATAL
de Thomas Szasz

Destacado por sus trabajos sobre ética y filosofía, este psiquiatra ve en el suicidio una elección intrínseca a la existencia humana.



Médico de origen húngaro (nació en Budapest en 1920), Thomas Szasz emigró en la adolescencia con su familia a Estados Unidos, huyendo de la persecución nazi. Desde hace más de cuarenta años Szasz lucha contra las internaciones psiquiátricas. Según él, los enfermos mentales no existen; lo que llamamos "locos" no son otra cosa que individuos cuyos comportamientos nos molestan. Es por eso que se encierra a los locos desde el siglo XVIII, y es por eso que se los trata como a enfermos. En Libertad fatal Szasz regresa para desvelar el tabú del suicidio.

Este profesor de psiquiatría —del Health Science Center de la Universidad del Estado de Nueva York, en Syracuse—, se ha destacado por sus trabajos sobre ética y filosofía. De hecho, es uno de los pensadores más radicales en el panorama universitario estadounidense. Si bien no fue el único, fue de los primeros en denunciar la represión de la locura con su cortejo de chalecos de fuerza, electroshocks y embrutecimientos químicos. Michel Foucault emprendió una batalla similar con su obra La historia de la locura en la época clásica, y lo mismo hicieron Ronald Laing y David Cooper en Inglaterra setentista.

Sin embargo, Szasz no idealiza la locura. Sencillamente opina que la locura no puede ser definida con ningún criterio objetivo. "Para comprender el papel del enfermo mental", dice, "hay que tener en cuenta que estamos ante un fenómeno religioso, y no científico". Según Szasz, en la civilización occidental y cristiana el diagnóstico de locura sucedió a la noción de posesión diabólica. Las brujas, los poseídos, molestaban y por lo tanto, eran eliminados por la Inquisición en nombre de la fe. Hoy los psiquiatras son los nuevos inquisidores, sostiene, y llevan a cabo una eliminación comparable, sólo que en nombre de la ciencia.

En los últimos veinte años Szasz extendió el campo de su cruzada a las drogas. Szasz opina que las diferencias entre el alcohol y la cocaína, o la marihuana y el tabaco, no son químicas sino "ceremoniales". En otras palabras, la cocaína y la marihuana no son deseables o evitables porque son más adictivas o peligrosas que el alcohol o el tabaco, sino porque son más sagradas o profanas, según los casos. En su libro Droga y ritual (1985) y en Nuestro derecho a las drogas (1992), elabora la siguiente teoría: lo que llamamos la "guerra contra el abuso de las drogas" es en realidad una guerra para eliminar el uso de aquellas que desaprobamos, y al mismo tiempo fomentar el consumo de las drogas que aprobamos. Para Szasz las adicciones son hábitos; los hábitos nos capacitan para hacer algunas cosas y nos incapacitan para hacer otras; por lo tanto, podemos —y en realidad debemos— juzgar las adicciones como buenas o malas de acuerdo con el valor que atribuyamos a lo que nos capacitan o incapacitan para hacer.

Para Szasz sólo existe un pecado político: la independencia. Y sólo existe una virtud política: la obediencia. Dicho de otro modo, sólo existe una ofensa contra la autoridad: el autocontrol. Con El segundo pecado y Libertad fatal (el primero publicado en España en 1992 pero nunca distribuido en Argentina, el segundo editado recientemente por Paidós) Szasz extiende ahora el campo de acción de su cruzada al suicidio.

Ya en Herejías, de 1983, Szasz había "ensayado" una corta serie de premisas que vuelven a encontrarse más desarrolladas en Libertad fatal. "Si una persona no sabe qué hacer con su vida, puede conservarla para uso futuro o decidir que es inútil y desecharla", escribió entonces. "Consideramos razonable desechar un trasto inútil; pero consideramos un síntoma de enfermedad mental desechar una vida inútil", escribe ahora. Lo que Szasz nos dice siempre es que el suicidio es una elección intrínseca a la existencia humana, "nuestra última y definitiva libertad". Ahora bien, se considera que nadie en su sano juicio se quita la vida y que el suicidio es, por lo tanto, un "problema" de salud mental (Szasz insiste mucho en desechar la apelación a un "problema": los nazis tenían un "problema judío", un eufemismo con el que se designaba la persecución y el aniquilamiento; quien ve el suicidio o el uso de drogas como un "problema", lo que hace es excluir la posibilidad de entenderlo).

En el transcurso del tiempo, las actitudes sociales ante muchas conductas han cambiado: "lo que anteriormente se juzgaba pecado puede haberse convertido en un crimen, una enfermedad, un estilo de vida, un derecho constitucional o incluso un tratamiento médico". Szasz recuerda que no hace mucho tiempo se creía que la masturbación, la homosexualidad y otros actos llamados "antinaturales" eran problemas de cuya "solución" se encargaba la medicina, pero con el tiempo hemos podido recuperar esas conductas de manos de los médicos y aceptarlas con comodidad, hablar de ellas y distinguir claramente entre "hechos y juicios de valor, entre descripción y denuncia".

En Libertad fatal, el autor se propone contribuir a que aceptemos sin incomodidad el suicidio, que hablemos de él y "distingamos claramente entre describir y condenar (o recomendar) la muerte voluntaria". Para eso es necesario "desmedicalizar y desestigmatizar la muerte voluntaria y aceptarla como un comportamiento que siempre ha formado y siempre formará parte de la condición humana. Querer morir o suicidarse es a veces digno de reproche, otras veces digno de elogio y otras ninguna de las dos cosas, pero nunca es una justificación adecuada para la coerción estatal", sostiene.

La eutanasia y el suicidio asistido también son desechados por Szasz en virtud de la mediación de la ciencia. Es con este argumento que critica al evolucionista y especialista en ética Peter Singer, un militante de la eutanasia aún en niños discapacitados, que dirige desde hace unos años el Centro para los Valores Humanos, de Princeton. Al delegar la responsabilidad de nuestra propia muerte en los profesionales médicos, "estamos dando un paso gigante hacia la pérdida de nuestros derechos elementales", dice Szasz. La muerte, como el control de la natalidad, es una decisión personal. El Estado y los médicos no deben interferir en su control.

Ya Albert Camus, en El mito de Sísifo, había sostenido que el suicidio "es el único problema filosófico realmente serio". Szasz es todavía más exacto: el suicidio "es el principal problema político y moral", anterior a aquellos problemas relacionados como el derecho a rechazar un tratamiento o el derecho al suicidio asistido. Materia reservada durante mucho tiempo a la Iglesia y los sacerdotes, ahora tema del Estado y de la medicina, en el futuro el suicidio será una elección individual y no tendremos en cuenta lo que la Constitución o la medicina nos digan. La tesis de Szasz se repite, retroalimentando su rechazo a toda manifestación de poder: hasta que el individuo no tome decisiones sobre el control de su vida y muerte de manera integral, sin la ayuda ni el estorbo del Estado, el ser humano seguirá siendo un esclavo sumiso.

ANSIAS DE MORIR...
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