MARTA OLIVERI ESCRITORA
 
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La dialéctica de la guerra

 

 

Entre límites que juegan su oscuro crucigrama

no caben ya los nombres de las cosas.

El eterno escriba apresura el espacio

que cierran las fronteras

al silencioso verbo.

 

La tierra es un verbo silencioso.

Debajo de los juegos de soldadito raso

que hoy ostenta mísiles y empalaga argumentos

estrategias, dialéctica de guerra,

mandatos del mercado global...

para la misma muerte inevitable.

 

Solitaria de todo y en pena esta la tierra

 

 

Ah mito de los niños que proclama al Dios grotesco

El más grotesco Dios que ha ostentado la historia

Dios  Pluto en su condena sonriendo al usurero:

  fríos estados rezando su plegaria al becerro.

 

Solitaria de todo  como detrás de un sueño.

Neología de un cuento circular a la asfixia.

 

Solitaria de todo está la tierra;

vencida de sus frutos su ancianidad explora

la memoria de Dios

y en un oculto pacto comulga con la vida

de la inocente ameba

de su lava naciente,

del reptil y el diluvio

que su dolor convoca.

 

Que aún subsista la gracia

y el himno se inaugure,

es por sabiduría:

Metáfora de un loco.

o dignidad de infancia

en la memoria.

 

 

Plegaria al Dios del Desamparo

 

I

Líbrame de toda la agitación que existe.

No es mi imperio este imperio.

Ni el nuevo cubil donde se ponen

los nombres los niños

la cifra de la muerte:

numerales fantasmas

donde hubo pensamiento

 

¿Por qué habré de hablar de mundo

acaso el mundo de nosotros dice?

¿Habla el mundo plural

al  singular anónimo?.

 

Una fogata entre escombros

y bolsas de residuos

acurruca a los niños

que duermen en la lluvia

 

Se reciclan los niños

y las almas en pena

de pura indiferencia

indiferenciadamente

 

Y no hay ninguna Palabra

no hay excusa que excuse al hombre

De ser el mismo infierno que se nombra.

El camino que ha visto la ternura

Está a más de mil metros bajo tierra

O tal vez en un siglo posterior que no es tiempo

En el  exacto fin de la humana locura

 

Donde vuelve el albatros

con la rama de olivo

A dar la buena nueva:

“Tenéis el desamparo

La gran materia prima de la nada

Ahora es la hora

haced el paraíso”.

 

lll

 

Si el poeta prometeico

viene a dar testimonio de la luz

y el poeta maldito

el testimonio de la sombra

que nomina las cosas

de tal modo incipientes:

 

el poeta del silencio

viene dar testimonio de la fuga

poco hay que escuchar

del  decidor aséptico

del urbano saber que

no ha visto la tierra

en la daga erudita

se crucifica el mundo

se suicidan las pausas

y el ancestral latido

son tan pocas las cuerdas

de la armonía eterna

tan  puros los colores

que dan luz al asombro

y es mínimo el camino

de la palabra al acto

tan llano como un leve

camino de gaviota

desde la arena al cielo

desde el cielo a la arena

Precipitarse puede el verbo

hacia su barro.

 

Desnudo como el aire está

el Dios que se cierne

en la cuna sin voz del desamparo.

 


 

 


No profiero alabanzas

 No profiero alabanzas

padezco con el ángel

El gólgota y la cruz

me com - padezco

En su nombre no invoco

Recuerdo repartida

la  burla  circular

De nuestra historia

Cuando anochece en cuervos

su corona de espinas

Y  el presente aturde

la posterior leyenda.

Esa gran risotada

del rebaño que goza,

El dolor que no sufre

la agonía que ignora

Y el nombrado se vuelve

con los ojos en fuga

Y el corazón abierto

de inenarrable vértigo.

Como el niño  que súbitamente

ha comprendido que ya no tiene padres,

 

Después del estallido

su ser sobreviviente

mira perplejo su nido en los escombros.

 

Él vino con su cruz a condenarse:

Los niños degollados

por el celo de Herodes.

Y su cielo en Egipto tiñéndose de rojo

Le dieron argumento

de celeste consuelo.

Morir desde el inicio Hermano.

Eso sucede el día que asumimos

la cruz sobreviviente.

 

 
   
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